Entre veintiun años de utopía
y un cheque en blanco del más allá
yo prefiero bañarme ahorita
en un mar de texturas y colores.
Los poetas nacen,
se reproducen como hongos
y mueren en racimos musicales.
Le llamo huevos
a los dos kilos que me cuelgan,
en el vértice que inicia un desesperado precipicio
y muy por encima del fundamentalmente
corrupto suelo mexicano,
con esos territorios en derredor,
con esos empleos,
esos perros ladrando desde esos techos
en esas casas.
No le dedico más tiempo y trabajo
a la mentalidad
y si, a las mentadas de madre.
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