Preguntándole locuras a unas manchas de humedad
me encontré tendido sobre mis quebrantos
¿Qué será de la espera sin consuelos?
¿Cómo resistirá la luna su ansiedad?
Mientras la noche se nutria de brillo
y mis preocupaciones sobre la economía y la política
parecían bijouterías,
mordí el anzuelo de la melancolía,
un diente de león fue mi trofeo,
soñe de cejas caídas
con el paraíso en girasoles
y con soles de nuevos bronces.
Ante tanto aroma de verano
el oro quedó incrustado en su mirada
y la tiranía del amor hizo añicos mi cordura.
Me quemé con los cuentos de las siestas en noviembre
ansiando despabilarme sobre la arena de la ternura
busqué los indicios del insomnio,
los encontré dormitando a un lado del sillón,
me rasque las dudas de la fiaca
y bostece carcajadas de algodón
con grumos de amor por calendario,
caricaturas de amores por cada peldaño,
tejí mil universos de caramelo,
mas dos letras minúsculas y un acento
sentenciaron mi felicidad.
Aposté mi corona por un puñado de fantasías
y mis pies descalzos usaron tus huellas con zapatos.
Mis libros de filósofia fueron testigos
de un cuento de hadas,
una canción en la radio me trajo recuerdos,
cinco lágrimas intentaron huir
y tres sonrisas me fueron devueltas por el espejo.
Así fui saldando deudas del pasado
con cuentos de trece palabras, con poemas sin fin.
Me vi despojado de todos mis males,
treinta y un murmullos de noches sin fin,
veinte corazones rotos y una mentira,
cuatro almas y un apellido, tres vidas en un racimo,
nada me fue quedando
sólo cinco lágrimas que intentaron huir,
tres sonrisas que me devolvio el espejo,
una canción en la radio a las dos de la mañana,
mis libros de filósofia
y mi universo de caramelo,
pero fueron dos letras minúsculas y un acento
las que sentenciaron mi felicidad... tú.
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