martes, 24 de mayo de 2011

¿Quejas?

Cuánta parodia esta,
la de ser dueño de un montón de cosas pendientes.
El piélago monótono de todo lo que me obliga a ser y controlar
me cautiva tras las rejas de la edad que tengo.
A veces muy sin falta de cordura, con pensamientos huidizos,
con muchas histerias en la arcilla que me moldea
y más inconsciente, espontáneo y alegre de lo que se cree debería ser,
angustia de los que nada tienen de locos, por lo menos eso creen.
En ocaciones me atacan los hechos y las verdades
que molestan a mi antro de existencia vulgar
y es que prefiero perderme en los cruces de besos,
sentimientos y pasiones
antes que arrepentirme ahogado entre las cuerdas flojas
de lo que debería parecerme correcto que no sé que es.
Signos de cordura, un régimen de protocolo y educación,
un título profesional, señales de buena conducta,
un registro de conductor, un portafolios con informes patológicos,
un buen perfume francés
y la cara con anteojos resaltando muecas de seriedad nefasta,
le vendría perfecto a algunos pero cansa, eso supongo.
Yo prefiero lo simple, lo trivial y lo profundo,
la faceta de la luna en una noche sobre el techo de mi casa,
un helado endulzado en invierno
y un sol radiante con ritmos de carnaval en la sangre.
Me gusta la fantasía,
saber que mis alas me llevan hacia confines perdidos,
a las antiguas creencias del astro rey y la luna
que caera rendida ante los velos de romanticismo
que profese ese amor que me hace tanta falta.
Hay horas y pasiones que lo traen en anforas de pensares
que sintetizan lo consciente y lo enfermizo que tiene la vida.
Necesito una receta para respetar la poca presencia
de algunos señores de la matufia cautelosa
que tienen la muy mala costumbre
de ensañarse tan cautelosamente
con las obligaciones de otros, ¡Qué absurdo!.
Quiero todo esto que me condena
a verme tan claramente rendido
ante los gestos de su fiolósofia facial
y es que así se sabe puede convercerse a estos duendes
de noches sin causa
para que dejen de quejarse con estas letras
y empiecen, de una buena vez por todas
a contar como poetas
que desde el muy a pesar de todo, me gusta sonreír.

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