Te tengo aquí
amueblando el universo,
entre una cruz y mi mano
que toca la montaña donde estás posando,
donde se ríe lo lejos de lo que lo esta cerca,
donde hay árboles con raíces enredadas a tus pies,
donde sus brazos cargan hojas furiosas por quemar.
Te tengo aquí entre el aire y mi piel,
entre mi piel y mi alma,
entre las sed del fuego y la lluvia,
entre la oscuridad y el brillo de la luz,
apuñalándome y animándome a resistir,
cubriendo mis ojos y empujándome al abismo
y haciéndome sentir tu promesa
de esperarme abajo para escapar hacia el mañana.
Te tengo aquí en medio de flores
por donde el otoño pasa y busca tu aliento
para abonar el aire que vivi enterrado
y que siente ahogarse.
Te tengo aquí
entre el canto del ruiseñor
y el silencio de los ojos de un ciego
cuya mirada sirve de bastón y guía
para mis pies desclazos.
Te tengo aquí
sentada sobre el horizonte y eclipsando el sol
y con una aureola de primavera revoloteando
en torno a tus cabellos y haciendo giros de invierno
que hacen nevar desde la tierra hasta el cielo,
porque estoy amando tu alma
y sólo me falta tu bendito cuerpo.
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