miércoles, 1 de junio de 2011

Desde Entonces

Cómica tristeza fría, suspiró en las entrañas del silencio nocturno
cuando las embrujadas carcajadas de la escarcha
trazaron en el arrabal de respiros, traviesas morisquetas
de escalofríos nostalgiosos.
Y a pesar del invierno helado, en el infierno de mi soledad
pequeños diablillos de fuego jugaban a la mancha y sonreían
cuando mis ojos buscaban una imagen y solo encontraban desierto.
Y en medio del murmullo sin voces, tu presencia
sacudió el polvo del pasado y saco de la maleta de recuerdos
gastadas caricias y besos inocentes.
Y así sin más mientras la almohada de la noche
tentaba sin complejos a mis sueños
me largué a llorar y te extrañe y tuve ganas de abrazarte.
Y aquel corazón que no latía se acelero escapando con sus golpes
hacia quien sabe donde.
Tal vez sediento viajó montado en ilusiones
en busca del oasis de tu regreso.
Y me di cuenta que te recordé como ya no lo hacía, mientras hurgaba
en el cajón de la melancolía, las huellas perdidas de tantos anhelos
y la simple fantasía de encontrar otra vez tu esencia
y vestirla de viento.
Tuve como tantas veces he tenido el brillo de tus ojos
que invitaban a mis pupilas a mirarlos, y te quise.
Contemplé casi inmutable esa danza añeja de aquella promesa
de amor que me regalaron tus labios y sonreí.
Escondí casi sin darme cuenta mis labios bajo mis manos al recordar
aquel beso ingenuo que me robaste con tu mejilla y te extraño.
Era la llovizna cómplice de esta búsqueda.
Eran las horas que pasaban tentando al pasado.
Era tu sonrisa, tu voz, tu recuerdo.
Tantas cosas eran, tantas otras te trajeron,
que se esculpieron desde entonces una a una como estigmas en mi cielo,
esperanzas de que estés aquí
con tus gastadas caricias, como una vez,
como hace tiempo.

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