Dejé mis dedos
en el pantalón roto,
mi sed en la botella,
los latidos flotando a dos días
con el humo criminal
de mis ojos,
quise encontrarte
y palpé los gritos,
admiré los pixeles,
adquirí treinta decibeles de deseos,
nada funcionó
ni la noche irresuelta,
los halcones espanta noches
o las calles oasis desiertas
sin sirenas,
sin mar,
busqué mi sangre
para ver si llovía
en horas desprovistas
de segundos
de ternura,
siglos subyugados
a esas horas
que son semanas,
primavera molecular,
ramas de mis nervios,
señales de alquitrán,
semaforo contemplativo
en el poro de la duda,
el sudor lo exime
lo ahoga,
pero no llueve
ni lloverá
y yo sin sangre,
sin pan,
sin cáliz,
hoy mi saliva
es cicuta
y he perdido
en tres calles mi boca.
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