Ya lo decía Juan Gabriel:"No cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor". Y es que cuando las relaciones amorosas se estancan y dejan de renovarse pra dar paso a la comodidad de saber y conocer a profundidad a la pareja que nos da la seguridad que creemos nos hará felices en la relación amorosas, la sorpresa es que al encontrar esa comodidad que genera la costumbre, el amor parece salir por la ventana.
Decía Juanga y bien decía "Pero que necesidad". Entre tantas ideas que las sociedades han puesto sobre el amor, están algunas que son totalmente contradictorias y por ello imposibles de conseguir, por lo menos al mismo tiempo. Un ejemplo de ello es creer que el exceso de la intimidad que permite conocer mejor a la persona que amamos, nos lleva a relaciones más pasionales e intensas.
El amoe está peleado con la costumbre porque hace las cosas predecibles, lo que elimina la sorpresa y la espontaneidad en las acciones y expresiones amorosas, las actitudes rutinarias llevadas por demasiado tiempo impiden la entrada a conocer y permitir nuevas experiencias.
Pero agüas la comodidad emocional que produce la costumbre no la da el amor, y eso es bien sabido y muy cierto. Cuando el amor está en medio de dos personas se vive cierta inseguridad, porque en este sentimiento, pese a que ya se haya pasado a la etapa de aceptación de lo bueno y lo malo de la persona amada, aún quedan cosas que la hacen impredecible o que nos resultan misteriosas de ella, lo que genera un deseo inconsciente de seguir conociendo y experimentando.
Con la costumbre todo esta dicho pero cuidado q no siempre aplika el dicho aquel de: "Más vale viejo x conocido q nuevo x conocer". Sabemos lo bueno y lo malo de la pareja asi como de hasta donde es capaz de llegar, de que sí y de que no es capaz, conocemos lo que piensa, porqué lo piensa y cómo actuará en determinadas condiciones y a la larga esto pierde el chiste. Este exceso en el conocimiento del otro y de cómo se da la relación amorosa le quita la pasión y las ganas de innovación porque representan un desequilibrio a esta seguridad.
Muchas parejas (la gran mayoría) prefieren llegar a la costumbre porque implica una comodidad emocional, ya que una vez teniéndola no se requiere hacer ningún esfuerzo, las cosas caminan solas, sabemos los resultados y así los esperamos. Todo esta bajo control, con una cuota mínima de cariño y afecto se obtiene lo que se busca.
En el amor jamás hay tregua emocional, es un trabajo de todos los días que implica la convicción de estar con la persona, de seguir conocíéndola, pero respetando ciertas áreas de intimidad que sólo le pertenecen a ella y en las cuales no entramos. En el amor no se "funden" dos personas, en éste caminan juntas, cada una con sus propias ideas, desiciones y personalidades, apoyándose para ambos alcanzar sus objetivos y sí, compartirlos.
El amor es por ello más cansado (para algunos), exige que todos los días seamos conscientes de nuestra individualidad y de la del otro para respetarlas, aunque no sea cómodo. El amor que respinga ante la rutina nos enfrenta a quizá ser criticados o no ser entendidos por la persona que amamos y eso es emocionalmente riesgoso, puesto que se vive como una no aceptación, idea contraria a lo que hemos idealizado como expresión de amor.
En el ideario social se cree que el amor es todo aceptación, y esto es una de las más grandes falacias del amor. El amor nodebe aceptar todo, el amor es selectivo, escoge lo que conviene al desarrollo de la persona y nos hace sentir insatisfechos cuando aceptamos lo que nos limita, coarta la libertad o el respeto.
La costumbre es más fácil de aceptar porque psicológicamente tiene un papel decisivo en las adicciones; es la que nos hace recurrir una y otra vez a ellas; es por la cual una adicción se fija en la conducta, nos permite controlarla dándonos seguridad; en otras palabras q viajezote carnal, pero ya lo decia Inspector: "como de tus besos, respiro de tu aroma, me consume el ansia y luego entro en coma".
Por ello la costumbre disfrazada de amor parece la culminación exitosa de una relación de pareja, cuando en realidad es la muerte de ésta.
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